Valta trabaja con los dos modelos. La mayoría de los trabajos son por fee, como cualquier consultora. Y para relaciones de largo plazo existe el modelo partner: fee + equity, como un fondo que en vez de capital invierte criterio y ejecución.
Detrás de cómo se paga un servicio hay un problema clásico de la teoría económica. Quien cobra por su tiempo tiene el incentivo de facturar tiempo, no de hacer crecer a quien lo contrata. Se lo conoce como el problema de agencia, y quienes estudiaron cómo diseñar contratos que lo resuelvan, alineando incentivos (Oliver Hart y Bengt Holmström), recibieron el Premio Nobel de Economía en 2016. La salida es una sola: que a quien ayuda le vaya bien solo si a la empresa le va bien.
Por proyecto, hito o retainer: se paga por un resultado definido, no por acumular horas. Es la forma a la que las empresas están acostumbradas, y con la que Valta trabaja.
Aquí Valta rompe con el modelo tradicional. Para empresas en etapa de crecimiento que buscan una relación de largo plazo, al fee se suma una participación: Valta deja de vender horas y pasa a tener skin in the game, con el resultado compartido. Los incentivos, del mismo lado de la mesa.
Un punto importante: el equity es una decisión que se toma de a dos, después del diagnóstico, cuando ambas partes ven que hay un partnership para crecer juntos.
Valta prefiere operar así, con los incentivos alineados. No es un requisito ni un favor, es la forma más honesta de ser partner. Para las empresas que busquen esa relación, Valta está.
Si el crecimiento es hoy una prioridad estratégica, este es el punto de partida.